ONGs critican pasividad latinoamericana por muerte de disidente cubano
on febrero 25th, 2010 at 1:17 pm- Orlando Zapata Tamayo tenía 42 años. Miembro del Directorio Democrático Cubano, una
organización civil ilegal, fue arrestado en 2003 y condenado por “desorden público”. En protesta por las condiciones de su detención, estaba en huelga de hambre desde hacía 80 días; murió el 23 de febrero de 2010. - Orlando Zapata Tamayo fue encarcelado el mismo año que el “grupo de los 75”, número de disidentes, periodistas y activistas en favor de la democracia y de los derechos humanos arrestados en una ola de represión conocida como “Primavera negra”. Nuestro corresponsal, Ricardo González Alfonso, es uno de los 19 periodistas que aún en prisión, que fueron detenidos en esta época.
Por Jean-François Julliard, Secretario General de Reporteros sin Fronteras (RSF) y Benoît Hervieu, despacho de las Américas de RSF,
Un muerto. Y 200 prisioneros políticos. La voluntad de apertura de Raúl Castro al comienzo de la sucesión dinástica fue bien anunciada. Los acercamientos diplomáticos, la firma de dos pactos de la ONU sobre los derechos civiles y políticos, el levantamiento de las sanciones políticas de la Unión Europea, el retorno al diálogo con Washington tras la investidura de Barack Obama, los signos parecían prometedores tras años de política de aislamiento encarnada por un embargo absurdo, injusto para los cubanos, pero útil para el régimen.
Mientras que las autoridades de La Habana se movilizan al máximo por cinco de sus funcionarios detenidos en Estados Unidos, tras haberles olvidado durante nueve años, los prisioneros de la isla esperan… o mueren. Unos bajo el merecido título de “héroes”; otros, bajo el oprobio de “contrarrevolucionarios”. Así, una tiranía agonizante que precipita su caída sin honor. Primer y no único escándalo.
El otro escándalo es el silencio, de la complacencia. Más grave aún: aquellos mismos que combatían la dictadura en su país, no encuentran aparentemente nada a decir sobre lo que le pasa a Cuba desde hace 50 años.
En Cancún, México, América Latina intentó establecer una organización interregional más allá de la tutela de Estados Unidos que tanto mal le ha hecho. Es afortunado y deseable, la democracia latinoamericana avanza en la búsqueda de una unidad, toma cuerpo en una verdadera alternancia electoral, la reconquista de recursos largo tiempo usurpados, pero también el examen de un pasado doloroso.
En Argentina, Bolivia, Uruguay, incluso en Brasil, encontramos archivos de otras épocas dictatoriales. En dondequiera se condena el golpe de Estado en Honduras, su legalización por un sufragio dudoso, la represión desatada contra los periodistas de oposición y los defensores de los derechos humanos. Ahora, a este grupo de países latinos, Cuba se suma sin rendir cuentas. Peor aún, nadie se las reclama.
La democracia marca ciertas pautas, pero una curiosa excepción dispensa a Cuba de ellos. Lo dirigentes cubanos tomaron el poder por la fuerza, nunca fueron elegidos. Cierto, derrocaron una dictadura y dieron a luz una “revolución”. La palabra es un argumento y parece bastarse a sí misma.
Por otra parte, América Latina, donde se celebran ahora revoluciones por las urnas y las libertades fundamentales se adquieren integralmente, la contradicción es evidente, pero el símbolo cubano impone no decir nada. Nada de los prisioneros políticos. Nada de la represión contra las opiniones disidentes o una información plural. Nada de las prohibiciones de salir del territorio.
Sindicalista y víctima de los militares en el pasado, el presidente brasileño Lula, ¿no tiene realmente nada que decir cuando un opositor cubano muere en prisión? Él podría. Debería. Pero en Cuba, tratándose de la “revolución”, se prohíben todas las injerencias y se autorizan todas las hipocresías. La liturgia del régimen hace el resto.
Criticar el Estado cubano y su funcionamiento es insultar el país y se convierte en una maniobra emprendida por Estados Unidos. Denunciar la encarcelación Ricardo González Alfonso o la muerte de Orlando Zapata Tamayo, es defender a “un mercenario del imperio” que quería reescribir la historia de Bahía de Cochinos. Otorgar el prestigioso premio español Ortega y Gasset, a la bloguera cubana Yoani Sánchez, es urdir un complot motivado por la nostalgia colonial.
Preguntar cuándo los cubanos podrán al fin elegir a sus dirigentes, es olvidar que Gran Bretaña y Suecia son monarquías. Irrisoria mala fe de un régimen que no puede más que insultar para defenderse o invertir el estigma para reivindicarse. Un régimen a veces atacado de mala manera y defendido por malas razones. Víctima de esos mismos que creían conjurar el fin. Como si el país debiera desaparecer al mismo tiempo que su actual Consejo de Estado.
Sin embargo, la evidencia está allí. Habrá Cuba después de Castro, y habrá que contar con los disidentes de ayer. El país rendirá el homenaje que merece a Orlando Zapata Tamayo.
¡YO ACUSO DE HOMICIDA, A LA DICTADURA CASTRO CUMUNISTA!
Amigas y Amigos:
Ha muerto en una mazmorra de la dictadura castro-comunista, el preso de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo.
Una vez más, el terrorismo de estado y el absolutismo visceral de una dictadura prehistórica y demencial ha cobrado otra vida de un opositor al régimen castrista.
Orlando Zapata, es otra victima del castrismo, ha fallecido ayer 23 de febrero de 2010 en La Habana, Cuba, después de más de tres meses en huelga de hambre en reclamo a que se le trate como un preso político.
¡YO ACUSO DE HOMICIDA, A LA DICTADURA CASTRO CUMUNISTA!
Los hermanos Castros y los cómplices son asesinos, porque sistemáticamente negiegan que en la isla existan presos políticos. Orlando Zapata Tamayo es un ejemplo de sí hay presos políticos en la hondura de las mazmorras castro-comunista y que están en peligro de tener el final de Tamayo, porque están sometidos a torturas y a las puertas de la muerte.
Todos los cubanos, incluyendo los amigos del régimen, saben que en Cuba se castiga por pensar diferente, que el gobierno persigue y coacciona a los que luchan por la libertad y la democracia en el archipiélago cubano.
En estos tristes momentos para todos los cubanos y los defendedores de la libertad y la democracia, comedidamente quiero hacerles llegar a Doña Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata Tamayo, y a los familiares y amigos la solidaridad y condolencias, así como el acompañamiento en el dolor, por la muerte del ser querido.
Reciban un abrazo fraternal y los mejores pensamientos.
¡¡Abajo la dictadura castrista!!
¡Libertad para los presos políticos en Cuba!
¡No más silencio cómplice!
Pablo Felipe Pérez Goyry
Editor y Analista Socio-Político
Proyecto Contextus: http://contextuspablofeliperezg.blogspot.com/2010/02/yo-acuso-de-homicida-la-dictadura.html